El ser humano está lleno de ritos, tradiciones, y rutinas que se suelen llevar a cabo -la mayoría de veces-sin saber por qué.
Uno de estos rituales en mención, es el que implica recibir despiertos aquel primer minuto del año siguiente. Dónde y cómo habrá nacido esa tradición? A lo mejor los mayas, o los egipcios ya celebraban ese momento en que el ciclo volvía a empezar, a lo mejor con la misma esperanza que muchas personas de nuestros días, las cuales ven esto como un nuevo comienzo y una nueva oportunidad para hacer todo lo que no se hizo en el año anterior. Hacer dieta, terminar la universidad, dejar de fumar, comenzar a hacer deporte, conseguir novio/a, mudarse, etc, son algunos de los firmes y sólidos propósitos que se suelen hacer a fin de año. Firmeza y Solidez que el 80% de las veces suele ser equivalente al vuelo de una mariposa.
Algunos creen que se debe recibir el año nuevo bailando hasta morir e ingiriendo cantidades de alcohol mayores a las que se suele ingerir, incluso si no se es de las personas que lo hacen de forma recurrente. Dicho pensamiento conlleva toda una parafernalia erigida alrededor de dicha consigna: Elegir el lugar donde recibiremos el año, -playa, discoteca o campamento- el atuendo que luciremos; el cual debe quedarnos de maravilla y hacernos ver esbeltos, guapos, interesantes, y divertidos en las fotos que publicaremos. Para esto las tiendas de ropa y accesorios nos inundan con publicidad intensa y agresiva, con avisos tipo "Ya sabes qué te vas a poner para año nuevo??? Qué esperas???" (nota mental: NO!!, no tengo una puñetera idea de qué voy a usar, y ni siquiera sé dónde me encontraré a las 23:59 horas, no tengo nada planeado y... no me preocupa la idea. Mi vida sigue teniendo sentido???, oh, si? Gracias!)
No niego que en el pasado también participé alegremente de dicha corriente, por supuesto que sí, me preocupaba como Dios manda, del 26 de diciembre en adelante, por cuál iba a ser el plan, convocaba a los amigos, conocidos, primos, o lo que estuviese aún a disposición (es decir, sin planes) para debatir y estresarnos juntos pensando qué demonios íbamos a hacer en año nuevo, algo que estuviese acorde con nuestras adolescentes y agujereadas billeteras, que sea divertido, bueno, bonito, barato y que incluyese la mayor cantidad de alcohol posible.
Pero los tiempos cambian, los ímpetus se calman, las revoluciones van bajando, los amigos se van lejos, las amigas se van embarazando, los bares de antes van desapareciendo y con todo eso la idea de una juerga interminable se va deslavando tanto, que pierde el brillo y atractivo de antaño.
Opciones antes impensables, abominables y ridículas como quedarse en casa y brindar con una copa de vino, o caminar por el malecón mirando las luces sobre el mar, o hasta -por qué no- ver una película y dormir, (Horror!!) de pronto van asomándose tímidamente en la mente, con temor y fuerza insuficiente para aventurarse a viajar por los conductos nerviosos hasta llegar a las cuerdas vocales para convertirse en sugerencias verbales.
La(s) pregunta(s) inevitable(s) en este momento es/son: Es necesario todo ese estrés pre-año nuevo? Son realmente útiles todas las recomendaciones brindadas por la publicidad y los medios de comunicación de cómo "recibir el año de manera inolvidable"? Es necesario pasar horas en la peluquería e invertir varios billetes en un atuendo que nos haga lucir espectaculares? Es obligatorio tener un plan de diversión y algarabía ilimitadas? Es estrictamente necesario hacer algo especial esa noche? Por qué?
Tíldenme de blasfema, pero esta vez, no hay plan, no hay estrés, no hay atuendo, y saben qué? Me siento tranquila y de maravilla.
Sea lo que fuere que piensan hacer allá afuera, solo queda desear que el próximo año sea un buen año para todos. Feliz 2014 :)

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